Abrazar la ternura: el poder del cuidado en la mirada perinatal
Publicado el 1 de Octubre, 2025

Esta semana recibí un mail del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal que me conmovió y me hizo reflexionar profundamente.
Comenzaba con una anécdota de la antropóloga Margaret Mead a quien, en una conferencia, le preguntaron cuál era el primer signo de civilización en la humanidad. Su respuesta fue: “Un fémur fracturado y sanado”.
El mail continuaba explicando que “el simple impulso de no abandonar generó un cambio. Un germen que posibilitó la transformación social de ese grupo. Entender que el cuidado nos hace más humanos es esencial para poder aspirar a crear nuevos escenarios donde podamos relacionarnos desde otro lugar. Ese lugar es la mirada perinatal”.
Gracias a los avances de la tecnología y la medicina tenemos la capacidad de monitorear embarazos, hacer cesáreas complejas y mantener con vida a los prematuros. A primera vista, podríamos pensar que esa es la verdadera evolución.
Pero, si miramos el panorama completo, podemos comenzar a cuestionar esa idea. Si en el medio de esas intervenciones no hay un/a profesional amable, que explique qué está pasando y que ponga a la familia en el lugar de protagonista. O si después esa mamá llega a su casa con un recién nacido/a y tiene que hacerse cargo sola de todo porque no cuenta con una red de apoyo. Incluso, si en el momento en el que se siente mal y no entiende qué le pasa, no puede acceder a la atención de su salud mental. O pensemos en el después: ese bebé que a los pocos meses es separado de su mamá porque ella debe volver a trabajar, o cuando es más grandecito y sus necesidades básicas no están cubiertas.
Hay una verdadera importancia en cuidar desde el embarazo y las infancias. No sirve “curar el hueso roto” si no hay nadie que cuide. Y no hablo solo de personas del entorno, sino de un Estado que garantice derechos y de una sociedad mucho más comunitaria.
¿Por qué es importante entonces la mirada perinatal? Porque desde ahí comienza todo. Cuanto más cuidemos a una madre embarazada o puérpera, más posibilidades tendrá ella de cuidar y atender las necesidades de su bebé. Cuantos más derechos garantizados tenga un niño y una niña, mejor va a crecer y desarrollarse. Y las consecuencias de que eso se dé o no, repercuten no solo en su familia o entorno íntimo, sino en toda la sociedad.
Lo que parece tan simple en palabras, sabemos que en la práctica no lo es. Vivimos en un mundo donde prima la inmediatez, pero los tiempos de una mujer que acaba de ser madre y los de un bebé son lentos. El parto necesita tiempo. Crecer necesita tiempo. Criar necesita tiempo.
Y, en realidad, no se necesita mucho más que eso: tiempo y cuidados. Ningún objeto externo puede reemplazarlo.
El día que como sociedad y como Estados comprendamos de verdad esto, ya no será necesario reparar adultos/as heridos/as ni hablar de salud mental materna como si fuera un lujo.
Como decía el mail que me inspiró: “Abrazar la ternura” es el único camino. Yo estoy dispuesta a seguirlo. ¿Vos?.