El mundo que se mueve cuando operan a un hijo/a(parte 2)

Publicado el 15 de Julio, 2026

El mundo que se mueve cuando operan a un hijo/a(parte 2)

Después de cinco meses de preparación, finalmente llegó el lunes de la operación.

En los días previos tuvimos la consulta con el otorrinolaringólogo, que nos explicó paso a paso cómo sería la cirugía y nos pidió firmar el consentimiento informado. También nos recibió el anestesista, que nos habló de los riesgos de la anestesia. Aunque se trata de una cirugía frecuente y ambulatoria, escuchar la palabra "riesgos" cuando se habla de un hijo inevitablemente moviliza.

Ese lunes llegamos temprano a la mutualista. Entré con Joaquín a la sala y uno de los primeros pasos fue bañarlo con una esponja impregnada en un antiséptico y ayudarlo a ponerse el “trajecito” de TNT para la operación.

Después esperamos hasta que nos llamaron, vinieron a buscarlo en el autito, tal como nos habían dicho, y lo acompañé hasta una puerta. Del otro lado lo esperaba su papá, que sería quien lo acompañaría hasta que se durmiera. Joaquín se pasó a otro autito y siguió camino con él hacia el block quirúrgico.

Más tarde nos contó que lo que más impresión le dio fue la máscara con la que lo durmieron.

Mientras ellos entraban, yo me quedé esperando en sala, habíamos acordado así con su papá. Y creo que quienes somos madres o padres sabemos que hay esperas que duran mucho más que el tiempo que marca el reloj. La cirugía llevó aproximadamente una hora.

Después permaneció casi dos horas recuperándose de la anestesia junto a su papá. Recién entonces volvió a la sala, donde pudimos estar los dos con él. Tenía una vía por donde le administraron calmantes, y le dieron antibióticos y la medicación para el dolor que luego continuaríamos en casa.

Hasta media tarde estuvo bastante bien, tranquilo, con menos energía de la habitual, pero estable. El momento más difícil para él fue cuando le retiraron la vía. Le dio muchísima impresión y, desde ahí, su ánimo cambió por completo. A las seis de la tarde nos dieron el alta y volvimos a casa.

Los primeros tres días fueron los más difíciles. Estaba triste, con dolor y pocas ganas de hacer cosas. La alimentación durante los primeros días se basó en helado y leche fría. Recién hacia el jueves pudo empezar a incorporar puré, polenta y otras comidas blandas, siguiendo las indicaciones que nos habían entregado.

El antibiótico fue cada ocho horas, los calmantes los necesitó solo hasta el martes; después ya no quiso tomarlos más.

Hubo otras decisiones que también fueron parte del cuidado:

Durante esa semana las pantallas dejaron de ser “solo media hora” para convertirse en “canilla libre”, esta vez las películas y los dibujitos fueron una compañía, una forma de distraerse mientras el cuerpo hacía su trabajo de recuperarse.

También volvió a dormir al lado mío. Desde los tres años duerme en su cuarto, pero cuando se enferma o necesita más cercanía, pongo un colchón junto a mi cama. Durante esos días necesitó esa presencia, y yo también.

Porque si él estaba atravesando una recuperación física, yo también estaba haciendo la mía. Los primeros días viví con un nivel de estrés muy alto. Recién el miércoles empecé a sentir que podía respirar un poco más tranquila. Y cuando el martes siguiente el otorrinolaringólogo le dio el alta definitiva, sentí que mi cuerpo también aflojaba. Al otro día volvió al jardín y, poco a poco, la vida retomó su ritmo.

Mirando hacia atrás, entiendo que durante esa semana muchas de las reglas habituales dejaron de tener sentido. La prioridad ya no era sostener rutinas, sino acompañar una recuperación. Hubo más brazos, más pantallas, más helado, más noches compartidas y mucha paciencia.

Nuestros hijos no necesitan que enfrentemos estos momentos sin miedo. Necesitan que, aun con miedo, podamos ofrecerles calma, presencia y sostén. La psicóloga hizo un gran trabajo en esta parte.

La operación duró una hora. Lo verdaderamente importante ocurrió antes y después de ella: en las conversaciones que nos prepararon para llegar hasta ahí y en los cuidados que hicieron posible volver, de a poco, a la vida de siempre.

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