25 de noviembre: hablar de violencia también es hablar de embarazo, parto y puerperio
Publicado el 26 de Noviembre, 2025

El 25 de noviembre fue el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Y aunque los días conmemorativos sirven para visibilizar, recordar y movilizar, la verdad es que esta lucha debe sostenerse todos los días y en todos los ámbitos.
Terminar con la violencia no es responsabilidad exclusiva de las mujeres. Implica un compromiso colectivo: del Estado, de las políticas públicas, de los sistemas de denuncia, de la educación, de la crianza y de la sociedad entera. Requiere formación, recursos, coherencia institucional y voluntad real de transformar las estructuras que permiten que la violencia persista.
También es fundamental comprender que la violencia no se reduce a lo físico. Incluye la violencia psicológica, sexual, económica, simbólica e institucional. Y hoy quiero detenerme especialmente en las violencias que se dan en algunos de los momentos más sensibles de la vida: el embarazo, el parto y el puerperio.
Hay mujeres que atraviesan el embarazo en contextos donde no hay cuidados: mujeres que viven violencia física, sexual o psicológica; mujeres que conviven con el control, los celos, las amenazas o el miedo cotidiano. Mujeres que gestan mientras son desvalorizadas, explotadas, o mientras cargan solas con el peso de sostener un hogar. Otras llegan al sistema de salud y encuentran nuevas formas de violencia: comentarios que lastiman, intervenciones sin consentimiento, prácticas que vulneran su autonomía o decisiones tomadas sobre sus cuerpos sin ser escuchadas. Y muchas de esas heridas continúan en el puerperio: juicios de familiares, presión social, críticas a su forma de maternar, soledad profunda o expectativas imposibles que recaen sobre ellas cuando menos sostén tienen.
Todo eso también es violencia. Todo eso deja marcas profundas. Y esas marcas no afectan solo a las mujeres: afectan directamente a sus bebés. UNICEF viene señalando desde hace años que la violencia hacia las mujeres impacta en niños, niñas y adolescentes, que no son testigos: son víctimas directas.
Nuestros hogares deberían ser lugares seguros para nosotras y para nuestros/as hijos/as. Pero para llegar a eso necesitamos un cambio social profundo.
Esta columna es para todas las que atravesaron algo así.
Por las que aún no pueden contarlo.
Por las que están intentando sanar.
Y por las que necesitan escuchar que no están solas.
Porque todas merecemos:
- Respeto y acompañamientos humanos.
- Partos cuidados y vínculos libres de violencia.
- Vivir seguras en cada etapa de la vida.
Sigamos trabajando para que esta lucha no sea solo un día al año, sino una conciencia colectiva y constante…y para que un día no haya que luchar más.