Hablemos del puerperio

Publicado el 13 de Mayo, 2026

Hablemos del puerperio

En películas y en medios de comunicación el después del nacimiento suele presentarse como un tiempo de calma, colores suaves y una conexión instantánea y perfecta con el bebé. Pero quienes lo hemos transitado sabemos que el puerperio es, ante todo, una sacudida emocional y física.

Comencemos desde el principio, ¿qué es el puerperio? Es el período en el que el cuerpo, las hormonas y la vida entera empiezan a reorganizarse. A nivel físico, suele hablarse de cuarenta días, pero el puerperio emocional no tiene un calendario exacto. Puede extenderse durante meses o años, porque no se trata solo de sanar el cuerpo: implica adaptarse a una nueva identidad, a nuevos vínculos y a una forma completamente distinta de habitar el mundo.

Es un tiempo donde las hormonas, el cansancio acumulado y la identidad que se transforma conviven en un espacio que muchas veces se siente caótico. Es esperable sentirse enamorada y, al mismo tiempo, agotada y abrumada. También llorar sin una razón clara y sentir que el mundo exterior sigue un ritmo que ya no nos pertenece.

Imaginemos esta escena: tu casa es un caos, desde ayer no te bañas, tenes la remera mojada de leche, tu bebé está bien pero anoche no durmió nada. ¿Verdad que está muy alejado de eso que nos muestran que es? Sin embargo esto es lo esperable, sobre todo durante el primer mes. Después, de a poquito, las cosas se acomodan. Pero es necesario entender que no hay falla en ese escenario para poder enfrentarlo con mayor flexibilidad y paciencia.

Muchas veces se nos dice que el puerperio es desafiante porque "el bebé no duerme" o "la lactancia duele", pero la realidad es que el mayor desafío suele ser la falta de sostén real.

Y acá tenemos que hablar de corresponsabilidad, que no es "ayudar" o "dar una mano". Es hacerse cargo de que la casa funcione, de que la comida esté lista, de que las visitas se gestionen con límites claros y de que la mujer no tenga que usar su poca energía en pedir lo que necesita. Cuando el varón o el entorno asumen su lugar como guardianes del bienestar de la madre, el puerperio deja de ser una tormenta solitaria para convertirse en un proceso de adaptación acompañada. El amor, en esta etapa, no se mide solo en gestos hacia el bebé, sino en la capacidad de cuidar a quien cuida.

Si estás por atravesar este tiempo, o si ya estás en él, recordá que no hay nada malo en vos si sentís que el orden se perdió. Mereces estar acompañada y ser comprendida en este proceso tan desafiante como transformador.

Y si pudiera darte una recomendación, sería esta: prepará tu puerperio desde el embarazo. Creá red, hablá de cómo imaginan esos primeros meses, pedí ayuda antes de necesitarla y permitite abrazar las posibilidades. Que tu pareja y tu entorno también se preparen. En el puerperio, la prevención y el sostén pueden cambiar profundamente la experiencia.

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