¿La maternidad nos vuelve salvajes?

Publicado el 10 de Diciembre, 2025

¿La maternidad nos vuelve salvajes?

Hace poco vi Canina, película estrenada en 2024 y basada en la novela de Rachel Yoder. La recomiendo profundamente porque logra representar, con una claridad sorprendente, la complejidad emocional, física y psicológica que atraviesan muchas mujeres en la maternidad. Utiliza un recurso metafórico (la transformación en perra) que, lejos de resultar exagerado, ilustra con precisión el desborde, la fuerza y la brutal honestidad que atraviesan esta etapa vital.

Uno de los ejes centrales de la película es la dimensión salvaje de la maternidad: su capacidad de desestructurar identidades previas, exigir presencia total y despertar una voz interna que en la vida cotidiana suele reprimirse o adaptarse a expectativas rígidas.

La película expone con valentía aquello que pocas veces se dice en voz alta: las ganas de matar al compañero cuando está jugando a la play o durmiendo mientras das la teta o hacés dormir al bebé; la soledad de pasar días enteros a cargo de un niño pequeño; el agotamiento emocional; la contradicción permanente entre querer estar y necesitar alejarse; la pérdida de identidad y, al mismo tiempo, el deseo profundo de ser un referente amoroso para los hijos e hijas.

Ese conflicto entre lo que se siente y lo que “debería” sentirse sostiene la narrativa. Y la película invita a algo simple pero revolucionario: decir sí a lo que es, en lugar de forzarse a cumplir con lo que supuestamente corresponde.

Otro hilo conductor es el rol de la pareja. El personaje masculino aparece bienintencionado, pero desconectado: percibe que su compañera atraviesa un cambio profundo, pero no logra comprenderlo ni involucrarse de manera activa. Este retrato está lejos de ser excepcional. La carga mental y emocional del cuidado continúa recayendo casi exclusivamente en las mujeres, profundizando el aislamiento y el desborde.

Y aquí la película señala un matiz crucial: ella misma, al principio, no logra expresar a su pareja que quedarse en el hogar al cuidado del hijo le está costando su salud mental. Siente que cumplir con ese rol es lo que corresponde; que es lo que una “buena madre” debe hacer. En la historia se ve con claridad esta contradicción entre lo que empieza a sentir en sus profundidades y lo que la sociedad espera de ella.

La película introduce, de forma sutil pero constante, un elemento esencial: la validación entre mujeres. La bibliotecóloga aparece como una figura de apoyo emocional, alguien capaz de reconocer, nombrar y normalizar lo que la protagonista está viviendo. Ese sostén femenino, aun viniendo de una desconocida, tiene un efecto transformador.

Más adelante, la protagonista recupera sus amistades desde un lugar más honesto, compartiendo entre todas lo que realmente sienten. Allí retorna una sensación de alivio y pertenencia que había perdido: no estar sola.

En esta misma línea aparece también la figura de su madre: su forma de maternar, los recuerdos de infancia que vuelven, las preguntas hacia su propio rol. Es una conexión muy real que la maternidad despierta: mirar la propia historia para entender cómo y desde dónde queremos criar.

La película muestra con precisión otro conflicto profundo: cómo esa mujer logra, aun en medio de una búsqueda interna enorme, no dejar de ver a su hijo y atender sus necesidades. Allí surge la tensión entre el camino que exige un niño pequeño y las necesidades personales de la mujer-madre.

Ella encuentra en rendirse a lo que es (a ese estado salvaje, instintivo y transformador) una forma de estar, de sostener y de seguir buscándose.

La película evita caer en finales desesperanzadores, pero hay que dejar claro que no todas las mujeres logran reconstruirse con facilidad. En la vida real, el agotamiento y la desolación pueden perpetuarse. Y no por falta de amor hacia los hijos, sino por la falta de estructuras sociales que acompañen de verdad: trabajos que exigen lo mismo que antes, sistemas de salud mental que llegan tarde, familias que critican, sociedades que juzgan.

Canina abre este debate con honestidad. Nos obliga a mirar la maternidad desde su costado más real: el que no se muestra, el que se silencia. Recuerda que, si bien la maternidad es una fuente de fuerza y transformación, ninguna mujer puede sola. La valoración de la maternidad no es solo emocional: es social, cultural y política.

Si tenés oportunidad, mirala. Ofrece una mirada necesaria sobre aspectos de la maternidad que, aunque incomoden, hablan de nosotras con una sinceridad imprescindible.

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