La salud mental materna: hablemos de lo que no se ve
Publicado el 27 de Agosto, 2025

La salud mental materna sigue siendo un tema invisibilizado, aunque es tan importante como la salud física. Reconocer a tiempo los signos de depresión posparto o psicosis puerperal puede salvar vidas. Y, sobre todo, saber cómo acompañar a una madre en este camino es clave para su bienestar y el de su bebé.
Una madre que sufre en silencio es un factor de riesgo para ella misma y para su hijo/a. Para entender el panorama completo, es fundamental diferenciar tres estados que a menudo se confunden, pero que tienen distintos niveles de gravedad y requieren un enfoque diferente.
Baby Blues
El baby blues es muy común, afectando hasta al 80% de las nuevas madres. Se trata de un estado transitorio y leve, que ocurre durante los primeros diez días después del parto y puede durar hasta el primer o segundo mes del bebé. Se manifiesta con cambios de humor, irritabilidad, llanto sin razón aparente y ansiedad. Su causa principal son los cambios hormonales y el cansancio extremo. Lo positivo es que desaparece por sí solo: se necesita descanso, escucha y el apoyo del entorno.
Depresión Posparto
La depresión posparto es una condición médica seria. Afecta entre un 10% y un 20% de las madres y puede aparecer hasta los dos años después del nacimiento, aunque lo más frecuente es dentro del primer año. Una mujer con depresión posparto puede sentir tristeza profunda y persistente, desinterés por actividades que antes disfrutaba y desconexión emocional con su bebé. También puede experimentar culpa, desesperanza y una sensación de no ser “suficiente” como madre. Síntomas que persisten y se intensifican, dando la sensación de que no hay salida. Esta condición no desaparece sola: requiere ayuda profesional, como terapia psicológica y, en algunos casos, medicación.
Psicosis Puerperal
La psicosis puerperal es la forma más grave de los trastornos perinatales, aunque es poco común. Es una emergencia médica; se caracteriza por alucinaciones, delirios, paranoia, confusión y, en casos extremos, pensamientos de hacerse daño a sí misma o al bebé. Requiere hospitalización inmediata y tratamiento psiquiátrico.
¿Cómo podemos acompañar?
Muchas veces, la madre no logra identificar por sí misma lo que le pasa. Por eso, el entorno cumple un rol fundamental. La pregunta puede ser entonces qué se puede hacer para acompañar, lo vemos a continuación:
- Ofrecer ayuda práctica: no digas “avisame si necesitás algo”. Tomá la iniciativa: preparar comida, lavar platos, hacer compras.
- Cuidar al bebé para que ella descanse: ofrecé sostener al bebé un rato (pidiendo permiso) para que pueda dormir o simplemente recostarse.
- Validar sus emociones: escuchá sin juzgar. Evitá frases como “a todas nos pasa”. Mejor decir: “entiendo que es difícil, estoy acá para vos”.
- Ser un puente hacia la ayuda profesional: si los síntomas se prolongan o agravan, acompañala a buscar ayuda especializada.
- Mantener el contacto más allá de los primeros días: a veces estos síntomas no se manifiestan enseguida, es por esto que hay que estar atenta/o.
Para que las madres puedan transitar esta etapa de forma más saludable y acompañada, no podemos dejar la responsabilidad de pedir ayuda en ellas. Su bienestar y el de su bebé dependen de un entorno atento y activo. Amigos, familiares, pareja, la comunidad en general, todos tenemos un papel. Al estar presentes y actuar, podemos ser la red de seguridad que una madre necesita para no caer en el abismo del silencio.
La salud mental materna es una responsabilidad de todos y todas.