Los verdaderos protagonistas del nacimiento
Publicado el 5 de Agosto, 2026

Cuando somos primerizas/os es natural creer que los demás saben más: los médicos, las amigas que ya son mamás, las redes sociales. Nos preparamos para el nacimiento buscando respuestas afuera y confiando en la experiencia de otras/os. Sin embargo, en medio de tanta información externa, hoy quiero recordar algo fundamental: el nacimiento sigue perteneciendo a la familia.
Esto no significa negar el valor de la medicina ni de los equipos de salud: parteras, ginecólogos/as, enfermeras y pediatras cumplen un rol fundamental. La atención sanitaria salva vidas y mejora los resultados cuando se hacen intervenciones oportunas.
Sin embargo, a veces se confunde el conocimiento profesional con el reemplazo de la voz de quien está gestando y/o criando. Y eso puede venir tanto desde el sistema de salud como desde la propia creencia de las familias, que muchas veces sienten que, una vez que ingresan a una institución, dejan de ser protagonistas de lo que está ocurriendo.
Las familias que reciben información comprensible y participan activamente en las decisiones viven el proceso con mayor seguridad. Y esto no es un favor del sistema, son nuestros derechos: a recibir información clara, hacer preguntas, comprender los beneficios, riesgos y alternativas de cada intervención, y decidir libremente sobre nuestro propio cuerpo y el proceso de nacimiento. En Uruguay, estamos respaldadas por leyes que protegen la salud sexual y reproductiva y promueven el parto respetado.
Pero entre lo que dicen las leyes y lo que muchas familias viven todavía existe una distancia que hace que algunas mujeres lleguen al nacimiento sintiendo que tienen que pedir permiso o adaptarse a decisiones ajenas.
Hay una sabiduría que no aparece en los protocolos y que hay que tener en cuenta: es aquello que la mujer trae, que conoce, su historia, sus miedos, sus deseos, su cuerpo y su familia. Aquello que la ayuda a conectar y a sentir cuándo necesita silencio, cuándo necesita movimiento, cuándo necesita información y cuándo necesita simplemente que alguien le sostenga la mano.
La mejor atención y la experiencia más enriquecedora ocurren cuando el conocimiento técnico y la sabiduría de la propia familia dejan de competir y empiezan a trabajar juntos, bajo el marco del respeto y la garantía de derechos.
Ese es el nacimiento que todas merecemos.