Parir con respeto: la situación en Uruguay, Latinoamérica y el Caribe
Publicado el 12 de Noviembre, 2025

El nacimiento no es solo un acto biológico: es un hecho social, emocional y profundamente humano. Por eso, cada vez que un país revisa cómo están naciendo sus hijos/as, también se está mirando a sí mismo.
Este mes, Relacahupan —la Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y el Nacimiento— celebró 25 años de trabajo, a través de una reunión de representantes de distintos países para reflexionar sobre los avances y los desafíos que seguimos enfrentando en torno a los derechos en el parto. Tuve el gran honor de participar desde Relacahupan Uruguay.
En Uruguay, Relacahupan "renació" este 7 de setiembre de 2025 (ya había tenido representación hasta principios de 2022), impulsada por un equipo diverso de Doulas y coordinada por María Rosa Rinaldi y Alejandra Di Matteo, desde el Instituto Perinatal del Uruguay (IPU). El grupo está conformado por representantes de todo el país, con un propósito claro: fortalecer el trabajo en red, visibilizar la importancia de la atención humanizada y articular con instituciones, profesionales y familias. Para el 2026, se tiene el claro objetivo de ampliar la red a otras profesionales como parteras y ginecólogas, ya que este trabajo sin dudas se hace en conjunto.
Nuestro país cuenta con leyes pioneras, como la Ley 18.426 de Salud Sexual y Reproductiva (2008) y la Ley 17.386 (2001), que garantiza la presencia de un acompañante durante el parto. También contamos con el Observatorio de Violencia Obstétrica Gestar Derechos, un espacio clave para monitorear y denunciar prácticas que vulneran los derechos en el nacimiento. Sin embargo, la existencia de leyes no siempre garantiza su cumplimiento. Aún hay mucho por hacer para que todas las embarazadas puedan elegir dónde y cómo parir, y para que los equipos de salud cuenten con condiciones adecuadas para promover la fisiología del parto.
Los datos nos interpelan: en 2024, Uruguay registró un 51% de cesáreas y en el ámbito privado ese porcentaje superó el 70%. Aunque las cesáreas salvan vidas cuando están indicadas, su exceso representa un problema de salud pública y un indicador de la medicalización excesiva del parto. Las compañeras compartieron sus datos y hay países en donde el índice de cesárea supera el 80%.
Se destacó una tendencia preocupante que atraviesa toda la región: la creencia, cada vez más extendida, de que el parto vaginal no es seguro. Y, como consecuencia, la elección de la cesárea sin la debida información. Esa percepción no surge de la nada. Es el reflejo de una cultura que desconfía del cuerpo, que ha transformado el parto en un procedimiento médico y que muchas veces invisibiliza el acompañamiento emocional, la autonomía y la voz de las mujeres y familias.
Pero también hay motivos para la esperanza y modelos a seguir. En Uruguay, en la maternidad del Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela” —institución pública universitaria que atiende en su mayoría embarazos de riesgo— logró reducir su índice de cesáreas del 45% al 37% en solo un año. Conversamos con su director, el Dr. Francisco Coppola, quien explicó que este logro no se debe a una sola medida, sino a una transformación profunda:
“Cuando empezamos a trabajar en calidad asistencial en la maternidad, se produce un descenso de las cesáreas, como resultado de eso. Es una intervención sistémica. No hay una medida que baje la cesárea. Hay que organizar una maternidad, un liderazgo. Trabajar en calidad asistencial. Trabajar en derechos. Trabajar en la ética. Promocionar el parto. Y tener los protocolos técnicos que respalden el accionar de los técnicos. (...) Si no participan en la construcción de los protocolos de mejores prácticas obstétricas, no se va a aplicar así nomás. Y después viene el entrenamiento en escenario simulado, la promoción del parto, el respeto a la ética de los pacientes, las decisiones compartidas, el análisis del riesgo perinatal global y los equipos de salud mental. Todos estos aspectos mejoran todos los parámetros de la maternidad, no solo el índice de cesáreas. El índice de cesáreas es un ítem, que es el más visible, pero no es el único.”
Su visión es clara: la mejora no se logra simplemente bajando cesáreas, sino elevando la calidad humana y ética de la atención. Y ese enfoque integral es un modelo que debería replicarse en todo el país.
Evitar cesáreas innecesarias y promover el respeto no es solo una meta sanitaria: es un acto de justicia social y de respeto a los derechos humanos. Cada parto humanizado es una contribución al bienestar físico, emocional y neurológico de quien nace, de quien pare y de quien acompaña ese nacimiento. Es también una oportunidad de sanar heridas colectivas, de reconciliarnos con la naturaleza y con el poder del cuerpo.
Cada familia informada, cada profesional sensibilizado y cada red que se fortalece nos acerca un poco más a ese horizonte. Relacahupan Uruguay es parte de ese camino. Un camino que no se recorre solas, sino acompañadas, como todo nacimiento.