Qué es (y qué no es) la crianza respetuosa

Publicado el 4 de Marzo, 2026

Qué es (y qué no es) la crianza respetuosa

En esta columna vamos a hablar de lo que es la crianza respetuosa, y también de lo que no es. Hace más de diez años, cuando me formaba en educación en primera infancia, esta confusión ya existía, y hoy, lejos de aclararse, parece que el ruido es cada vez mayor.

A veces, entre risas o con un cansancio que desborda, se dice que la crianza de antes era más fácil y que daba resultados rápidos y sin tanta vuelta. Y como eso se da por real, se concluye entonces que la crianza “de ahora” no sirve para nada.

La crianza respetuosa no es dejar que los niños y niñas hagan lo que quieran, sin poner límites. No tiene que ver con hacerlo “perfecto” y vivir con culpa por no poder. Y tampoco tiene nada que ver con decir que sí a todo. Eso que acabo de describir, en realidad tiene otro nombre: se llama crianza negligente.

La negligencia aparece cuando quien cría se retira del rol de guía. Cuando no hay un “no” claro, cuando el niño o niña queda sin orientación. Y la falta de límites no genera libertad, genera desprotección. Un/a niño/a en este marco no se siente poderoso/a o feliz, se siente inseguro/a.

En el otro extremo está la crianza autoritaria. Aquella que se apoya en el miedo, en la obediencia, en el “porque lo digo yo”. Puede dar resultados rápidos, sí, pero el costo suele ser alto: inhibición emocional, dificultad para expresar desacuerdos, miedo a equivocarse o a fallar.

Entre esos dos extremos, existe otro camino, que sin dudas tiene sus desafíos: la crianza respetuosa. Entonces veamos qué sí es.

Es reconocer que los niños y las niñas son personas con derechos y merecedoras de respeto. Es comprender que necesitan amor, presencia y escucha, pero también límites claros, coherentes y adecuados a su etapa de desarrollo.

Un límite amoroso no humilla ni agrede, sino que explica, tiene consecuencias y es adecuado a las posibilidades del niño/a. Es por esto que lo orienta, lo organiza y le da seguridad. Decir “no” cuando es necesario también es cuidar.

Quien cría en este marco ejerce su rol con responsabilidad. No desde la imposición ni desde la ausencia, sino desde la presencia física, emocional y mental.

Criar con respeto nos obliga a mirarnos. Nos invita a revisar nuestra propia infancia, nuestras heridas, nuestras reacciones automáticas. Nos enfrenta a patrones que aprendimos y que, muchas veces, salen solos cuando estamos cansadas o desbordadas.

No es un camino simple porque exige un trabajo interno profundo. No alcanza con cambiar frases, hay que revisar creencias. Es lógico que dé trabajo, que parezca que no da resultado inmediato y que canse, pero eso no quiere decir, bajo ningún concepto, que no sirva o que no dé resultados. De hecho sí los da. Los/as niños/as suelen ser más independientes y amorosos, tienen mejor gestión de las emociones y construyen una autoestima sana.

Los niños/as no necesitan ni autoritarismo ni negligencia. Necesitan adultos/as que se animen a mirarse para mirarlos mejor.

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