¿Tu bebé tiene mañas?

Publicado el 1 de Julio, 2026

¿Tu bebé tiene mañas?

Hay frases que casi todas las familias escuchan en algún momento en los primeros meses de su bebé: "no lo malacostumbres", "lo estás malcriando", "te esta tomando el punto". Y hay algo muy importante que quiero decirte hoy: eso simplemente no es cierto.

Un/a bebé que quiere estar mucho tiempo en brazos, que pide teta o mamadera muy seguido, que llora, no tiene mañas. Lo que tiene son necesidades que no puede cubrir por sí mismo y por eso las pide a sus cuidadores/as, que son: alimentación, sueño, higiene, abrigo, amor.

Como no puede decir "tengo hambre", "necesito sentirme protegido", "quiero dormir", lo que hace es llorar y mostrarse molesto/a, es su forma de comunicación. Y cuando llora y la respuesta llega enseguida esta aprendiendo algo fundamental: que sus necesidades importan y que hay alguien ahí para él o ella. Esa respuesta sensible y oportuna es la base sobre la que se construye el apego seguro y, con él, gran parte de su desarrollo posterior, no solo en el campo emocional sino también el psicomotor, y hasta el físico.

La mirada adultocéntrica, que es la que muchas veces nos llega desde el entorno, la sociedad e incluso desde algunos profesionales, evalúa al bebé desde lo que es práctico, manejable y conveniente para los adultos. Desde ese lugar, un/a bebé que demanda se percibe como un problema a resolver. En cambio, la mirada que se posiciona desde la infancia lo cambia todo. Desde ahí, un/a bebé que demanda está haciendo exactamente lo que tiene que hacer: comunicarse y buscar a su cuidador/a.

Durante los primeros meses de vida esta demanda es de veinticuatro horas, los siete días de la semana. El útero era un espacio cálido con mamá siempre disponible, donde la alimentación, la temperatura y el sostén estaban asegurados antes de sentir la necesidad. El mundo de afuera, en cambio, es enorme, ruidoso y está lleno de estímulos nuevos. Que busque los brazos, que llore al ser dejado en la cuna o que necesite la teta o la mamadera para regularse es lo esperable y, sobre todo, lo sano.

Dicho esto, es importante abrir espacio a la realidad de cada hogar. Habrá madres que lean esto y sientan un alivio enorme porque por fin encuentran validación a lo que dicta su voz interna. Pero también habrá quienes sientan que este enfoque no encaja del todo con su realidad actual, con lo que pueden hacer o con lo que necesitan para preservar su salud mental.

Estar exhausta, necesitar distancia física o sentirse desbordada por la demanda constante no es ser una mala madre, es ser una persona que también tiene necesidades. Y esas necesidades importan tanto como las del/a bebé. El foco nunca debe estar solo en la díada, por eso no me voy a cansar nunca de nombrar al entorno y a la corresponsabilidad.

La crianza respetuosa no es una exigencia, sino una invitación a mirar desde la empatía, a conocer a tu bebé, a conocerte a vos y a encontrar un camino que sea sostenible. Y ese equilibrio solo es posible cuando hay una red que sostiene a la mamá mientras ella sostiene a su bebé.

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